sábado, 3 de febrero de 2018

El niño Jesús en el templo


El evangelista San Lucas describe algo de la vida pública en la infancia de Jesús, el pasaje muestra al niño en el templo de Jerusalén en un dialogo con los maestros de la ley, el texto señala: "Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.» El les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?» Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos…” (San Lucas 2:41-51)
En estos pasajes hay signos que debo resaltar en el orden de la narración. La pascua hebrea se conoce como “Pesaj” entre judíos, el platillo principal es el pan sin levadura conocido como “Matza”, este es un antecedente pre eucarístico porque ese fue el pan que Jesús utilizo en esa misma fiesta para establecer la Eucaristía. La ley judía pide la purificación del Israelita que se acerca a comer el pan de la pascua y esta preparación inicia desde finales de septiembre principios de octubre hasta llegar a la pascua, marzo - abril. Puedo afirmar que el dialogo que el niño Jesús tuvo con los maestros de la ley fue entorno al pan de la pascua.
El texto de San Lucas afirma que Jesús tenía doce años, el número doce es representativo en la historia de la salvación; doce tribus hebreas forman el pueblo de Israel, en doce apóstoles se estableció la Iglesia. Dentro de la cultura judía existe una fiesta llamada Bar Mitzvah que consiste en presentar al niño de trece años ante la comunidad, esta es la edad oficial que designa el judaísmo para que el joven participe libremente en actividades religiosas; el shabat, seguir las leyes y leer los textos de Moisés, participar en rezos, recibir los instrumentos judíos para rezar (tefilín) y es visto como consciente de sus obligaciones y responsabilidades ante su fé y ante Dios. En esta ceremonia el padre afirma la siguiente bendición; “Bendito seas Tú, Señor, Rey del Universo que me has librado del castigo por los actos de mi hijo”.  
Aunque la ceremonia del Bar Mitzvah tiene su origen en el Medievo, el Talmud (escrito en el año 70 d.C., compendio que recaba la tradición oral del judaísmo) sostiene que un voto religioso hecho por un menor de trece años es legítimo, y que en tiempos bíblicos, a esta edad el padre otorgaba una bendición a su hijo donde lo hace responsable de sus acciones, también se cree que en tiempos del segundo templo de Jerusalén (el tiempo de Jesús) se tomaba como conveniente que los Maestros otorgaran una bendición a los jóvenes de trece años que deseaban participar de los ayunos en la fiesta de Yom Kippur. Un recurso utilizado entre judíos sobre la edad de trece años es la circuncisión de Ismael, hijo de Abraham y Agar, pues él fue el primer circuncidado de los hijos de Abraham, a la edad de trece años (Génesis 17:25).
El texto de San Lucas pone a un niño Jesús de doce años sujeto a sus padres, no tengo referencias bíblicas para saber si a tal edad los niños eran considerados responsables de sus obligaciones ante Dios, quizá si lo eran, Jesús sostiene “¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?”, entonces, si lo eran “¿Por qué se sujeto a sus padres?”, creo que se sujeto por la misma responsabilidad que conlleva vivir la fe y ser responsable ante Dios porque el mandamiento dice “honraras a tu padre y madre”. Entre judíos se cree que cumplir un mandamiento por obligación tiene más merito que cumplirlo por vocación, el hombre tiene una aversión natural a la obligación, vencer esta aversión es signo de madurez.