domingo, 25 de junio de 2017

La partida de San Pedro

La intercesión de los Santos es una de los temas más discutidos entre católicos y hermanos separados. Ellos condenan esta creencia afirmando que “los muertos no deben ser invocados”, justificando esta prohibición en las leyes de la Torá de Moisés, que nosotros llamamos “Pentateuco” y está dentro en el compendio del Antiguo Testamento.
Sin embargo, muchos ignoran las creencias judías, desconociendo la creencia judía de los tzadik: hombres justos de Israel que ruegan ante Dios por su pueblo desde esta vida ó desde la otra vida. Los rabinos conocen claramente la prohibición de Moisés y saben que no infringen su ley cuando recurren a un tzadik para pedir amparo, la prohibición de invocar muertos se refiere a las sesiones espiritistas, médiums, agoreros, etc., (¿vamos a enseñarle Torá a un judío?, no).
Uno de los ejemplos más claros en la vida religiosa del pueblo judío es la tumba de Raquel, esposa de Jacob, ahí, los Israelitas se congregan para llevar ruegos y peticiones a Raquel para que Dios escuche y atienda en atención a ella, todo esto en base al profeta que escribió;
“Esto dice Dios: en Ramá se han oído unos quejidos y un amargo lamento: es Raquel que llora a sus hijos y no quiere que la consuelen, pues ya no están. Así dice Yavé: Deja de lamentarte, y seca el llanto de tus ojos, ya que tu prueba tendrá su recompensa: tus hijos volverán del país enemigo. Ten esperanza para el futuro, pues tu descendencia regresará a su tierra” (Jeremías 31:15-17).
Para mí, Raquel es el antecedente más importante para comprender el papel de la Virgen María en la nueva alianza, aclarando que la mediación de Jesús es única e insustituible, él es el sacrificio para la propiciación de nuestros pecados, ningún santo nos redime, la Virgen tampoco, pero si podemos encontrar por ella beneficios porque sus ruegos son más potentes que los míos.  
 Dentro del Nuevo Testamento existen unos versos escritos por San Pedro que pocas veces son leídos con atención, en ellos, el apóstol –judío de nacimiento-anuncia su muerte y afirma que después de su partida velará por sus discípulos. La biblia versión Reina Valera –usada por hermanos evangélicos- señala;
“Sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado. También yo procuraré con diligencia que después de mi partida vosotros podáis en todo momento tener memoria de estas cosas” (2da carta, cap. 1, v.14, 15).
¿San Pedro se está refiriendo a que después de muerto hará lo necesario para que sus seguidores recuerden sus enseñanzas?, podríamos decir que sí, no olvidemos que él fue testigo de la transfiguración de Jesucristo cuando este hablo con Moisés en el monte, podríamos pensar que San Pedro inspirado en la transfiguración no duda en que después de fallecer hablará con Jesús como lo hizo Moisés desde la otra vida. Incluso, tres versículos más adelante, la propia carta  hace mención a lo ocurrido en el monte, entonces, puede creerse que San Pedro está comprometiéndose para apoyar a sus discípulos después de esta vida.

Para finalizar, creo que todo bautizado, discípulo de Jesucristo que espera con anhelo entrar a la gloria del Padre, ¿no procurara estando una vez ahí, que sus hermanos y amigos que participan de esta vida, puedan acceder a esa misma gloria una vez que dejen este mundo?, pienso que sí y creo que también San  Pedro lo creyó.

domingo, 18 de junio de 2017

Moisés y Pentecostés

¿Tendrá relación Moisés con la fiesta de Pentecostés?. Hace algunas semanas compartí varias reflexiones sobre la vida de Moisés; su juventud, su exilio, su matrimonio, su labor profética, pero por algún motivo olvide hablar de su obra más importante, los diez mandamientos.
La vida de Moisés es importante en el pueblo de Israel, él y sus leyes –la tora- son el eje central de la religión judía, incluso, los rabinos consideran “falso profeta” a todo aquel iluminado que no esté en concordancia con Moisés. Pero lo más importante dentro de la vida de Moisés no fueron las plagas que desato en Egipto ó que pudo abrir el mar en dos, lo más trascendente de su obra son los diez mandamientos y en relación a ello se instauro la fiesta judía llamada Pentecostés, evento que celebra la llegada del pueblo hebreo al monte Sinaí cuando recibió la ley.
Entre los judíos la celebración de Pentecostés es conocida como “Shavuot”, que significa “semanas”, es una fiesta que se celebra un periodo y no un fecha, cada semana los judíos ofrecen algo según lo manda su ley. La fiesta aparece en el libro de levítico; “A partir del día que sigue al sábado en que habrán traído la gavilla para ser mecida ante Yavé, ustedes contarán siete semanas completas. Al día siguiente del séptimo sábado serán cincuenta días y entonces ofrecerán una nueva ofrenda a Yavé” (cap. 23, v. 14,15). Al margen de esta reflexión y conociendo el pasaje del antiguo testamento, puedo decir, la resurrección de Cristo abre el inicio del nuevo Pentecostés cristiano pues el conteo de las semanas inicia –como dice la ley- “a partir del día que sigue al sábado…”, ósea, domingo hasta llegar a los cincuenta días.               
Como pueblo cristiano debemos hacer un paralelo entre la fiesta hebrea y la fiesta cristiana del mismo nombre, ellos celebran el fin del peregrinar en el desierto y la llegada al Sinaí para encontrarse con Dios y recibir la ley, mientras, la Iglesia celebra la llegada del Espíritu Santo y la ascensión del Señor para iniciar el peregrinar, la evangelización de los pueblos. Esto no es casualidad, existe una pedagogía que Dios desea ofrecernos por medio de la historia del pueblo judío.
Llevando estas fiestas y símbolos a nuestro diario vivir, puedo afirmar, los hebreos fueron liberados de la opresión en Egipto, esto es símbolo de la esclavitud del pecado, pero ¿para qué fueron libres?, ¿fueron libres para no llegar al Sinaí?, no, esta obra debía ser completada, debían peregrinar por el desierto hasta llegar al Sinaí y recibir la ley antes de entrar a la tierra prometida en Canaán., ellos debían completar el proyecto. En un lenguaje neotestamentario, ¿recibir el don de la fe nos cambia la vida para qué?, ¿nos cambia la vida simplemente para ser prudentes y sobrios y no unos descarriados por el pecado?, la fe nos cambia, si, nos ayuda, pero el proyecto no termina ahí, el proyecto es mas allá del “yo”, el proyecto se avoca al “nosotros”, la Iglesia, que es el pueblo dirigido y encaminado para llegar a la tierra prometida y llevar a otros., la meta está arriba y no en este mundo. Ser liberados del pecado es una libertad que no se limita solo a “mi libertad”, pues nadie es ser verdaderamente libre si alguno de sus hermanos aun es esclavo.

No basta ser liberados de nuestras tentaciones, hay que trabajar para llegar y para que también otros lleguen al último encuentro con Dios, así como Jesús subió llegado el día cincuenta de Pentecostés, es necesario que en nosotros se cumplan los días necesarios para llegar al Padre.    

domingo, 4 de junio de 2017

El hilo negro

Cuando estudie en el Instituto Bíblico Católico me enseñaron que dentro de la biblia convergen un sinfín de creencias y que no necesariamente algunas son apostólicas ó están reconocidas por la Iglesia.
Daré varios ejemplos, el primer caso; el Génesis afirma que hubo gigantes en la tierra (cap. 6. V. 4), segundo caso; del Edén salía un rio que se divida en cuatro ríos; Pisón, Guijón, Tigris y Éufrates (cap. 2 v. 10-14), tercer caso; los discípulos de Jesús sintieron temor y creyeron ver un fantasma cuando lo vieron caminar sobre las aguas (S. Mateo 14: 25,26), cuarto caso; Jesús señala que un hombre murió y fue llevado por los ángeles a un lugar conocido como “el seno de Abraham” (S. Lucas 16:22). Ninguno de los casos son dogmas de fe.  
Para el primer caso, la Iglesia reconoce que el antiguo testamento contiene creencias que corresponden a periodos donde la fe de los hebreos no estaba formada, la creencia en gigantes es un mito antiguo encontrado también en otras culturas como la sumeria ó griega. Sin duda, creencias y mitos de culturas antiguas convergen entre si y esta influencia se plasmo en fragmentos de la biblia aunque estos no sea parte de la revelación.
En el caso de los cuatro ríos que parten del Edén, en ese periodo, la creencia hebrea se limitaba a suponer que el Edén era un lugar físico que podía ser hallado en este mundo. Incluso, en tiempos del descubrimiento de América se pensó que este continente formaba parte del Edén porque los indios estaban desnudos, se creía que no sentían pena por estar libres del pecado original.  
Para el tercer caso, la creencia en fantasmas es más popular, es lógico que los discípulos sientan temor al no comprender lo que sucedía en aquel mar, sin embargo, después de la resurrección y en el desarrollo de la doctrina para el nuevo testamento esta creencia no vuelve a ser señalada por los apóstoles, ni inculcada por la Iglesia. En el cuarto caso, “el seno de Abraham” era una creencia judía que afirmaba que el patriarca recibiría a los hebreos justos, Jesús simplemente uso esta creencia judía para introducir otra enseñanza; el castigo después de la muerte. El seno de Abraham no forma parte de las creencias del nuevo testamento.
Debemos entender que la Iglesia parte de la última revelación, esta es, la resurrección y la cátedra de Jesús, el resto de información que contiene el antiguo testamento solo sirve para complementar, cimentar ó anteceder teologalmente la llegada del Mesías a Jerusalén, cosa que ya paso. Incluso, no debemos olvidar que los evangelios contienen mucha información, creencias y expresiones judías, esto es porque Jesús enseño solo entre judíos e introdujo sus enseñanzas usando la idiosincrasia hebrea. La enseñanza apostólica no compartió creencias hebreas con los pueblos evangelizados porque no lo considero necesario, solo basto compartir la enseñanza de Jesús al modo en que cada pueblo entienda.
Con Cristo la revelación se considera concluida, no hay más que añadir ó que restar. Para desgracia, la Iglesia vive tiempos de confusión, algunos hombres de fe con cargo importante, en sus declaraciones ponen en duda dogmas tratando de conciliar la razón y los tiempos modernos con la revelación. Cuando un religioso introduce sus novedades atentado contra principios y dogmas, en el fondo a perdido la fe pues necesita añadir novedades para sorprenderse y sentirse satisfecho. No caminemos ese camino, menos cuando el mundo experimenta principios volátiles, valores fluctuantes y huecos espirituales. La Iglesia está para anunciar la obra de Jesús, no está para sembrar más dudas. Es verdad que no todo aquello que está en la biblia debe ser creído, pero nada –sin discusión- de lo que recibió la Iglesia en manos de los apóstoles debe ser cambiado. Atengámonos a lo básico como el injerto se sujeta al tronco, por pequeñas desviaciones cualquier oveja se extravía. 

domingo, 28 de mayo de 2017

Entre el bien y el mal

            “Dijo Dios: “Llénense las aguas de seres vivientes y revoloteen aves sobre la tierra y bajo el firmamento”. Dios creó entonces los grandes monstruos marinos y todos los seres que viven en el agua según su especie, y todas las aves, según su especie. Y vio Dios que todo ello era bueno. Los bendijo Dios, diciendo: “Crezcan, multiplíquense y llenen las aguas del mar, y multiplíquense asimismo las aves sobre la tierra”. Y atardeció y amaneció: fue el día Quinto. Dijo Dios: “Produzca la tierra vivientes según sus especies, animales del campo, reptiles y fieras”. Y así fue. Dios hizo las distintas clases de animales salvajes según su especie, los animales del campo según sus especies, y todos los reptiles de la tierra según sus especies. Y vio Dios que todo esto era bueno.       Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que tenga autoridad sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo, sobre los animales del campo, las fieras salvajes y los reptiles que se arrastran por el suelo”. Y creó Dios al hombre a su imagen. A imagen de Dios lo creó. Varón y mujer los creó. Dios los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Tengan autoridad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”. Dijo Dios: «Hoy les entrego para que se alimenten toda clase de plantas con semillas que hay sobre la tierra, y toda clase de árboles frutales. A los animales salvajes, a las aves del cielo y a todos los seres vivientes que se mueven sobre la tierra, les doy pasto verde para que coman”. Y así fue.” (Génesis 1:19:30).
Si leemos la totalidad del capítulo nos daremos cuenta que cada vez que Dios crea algo afirma “es bueno”, sin embargo, si nos fijamos detenidamente esta afirmación no aparece cuando el ser humano es creado, Él simplemente bendijo y entrego toda su creación. Desde ese momento el ser humano se vuelve en el administrador de la obra de Dios, y añado, la Iglesia se convirtió en la administradora de la gracia.  
En el relato del génesis, hay un significado muy simple y muy profundo a la vez, el ser humano tiene poder de decisión, Dios no decide “quien es bueno ó quien es malo”, es el ser humano quien decide, Dios nos entrego su bendición y su creación que es buena. Esto es parecido al padre bueno que por circunstancias ajenas a él tiene hijos malos e hijos buenos, cada hijo decidió qué camino tomar y qué hacer con lo que el padre le entrego.  
Más adelante en los textos del génesis encontraremos que el Edén tenía toda especie de frutos para ser comidos, excepto el árbol de la ciencia del bien y del mal. Según el relato, cuando Adán y Eva comen del fruto prohibido son expulsados del paraíso y Dios hace esta afirmación “comerás el pan con el sudor de tu frente…”, pero dentro de Edén y la creación, ¿Dónde estuvo el árbol que producía pan?, jamás estuvo, Dios introduce la palabra “pan” y es el primer símbolo de una alianza entre el primer hombre y Dios, porque en el pan se integra la obra de Dios –la tierra, el agua, la semilla- y la obra del hombre –la manufactura-   Entonces, puede entenderse y afirmarse que la creación nos fue entregada también como una semilla, como una masa inacabada para que nosotros –la raza humana- la completemos y podamos alcanzar con la bendición de Dios ese grado; ser buenos, y buenos administradores.

Algunos sectarios afirman: “no tengo una religión, tengo una relación con Dios”, son ciegos y necios, todo ser humano desde que nace tiene una relación con aquel que lo creo y si muere tampoco puede escapar del Padre de los Espíritus. El pan es el primer alimento mencionado después de la caída de Adán, el pan es alimento que da vida y si Dios permite que alguien en este mundo siga viviendo es para algo; decidir entre lo bueno ó lo malo, estamos en proceso. Decidamos hacer el bien para volver al paraíso.

domingo, 21 de mayo de 2017

Serán los dos una sola carne

“Supongamos que despide un marido a su mujer; ella se va de su lado y es de otro hombre: ¿Podrá volver a él?; ¿no sería como una tierra manchada?...” (Jeremías 3:1).
Aunque el divorcio y le segundo matrimonio es una idea aceptada entre las comunidades judías en el cristianismo no sucede lo mismo. Una de las novedades presentadas por la revelación de Jesús es retornar a la raíz del matrimonio; “dejara el hombre a su padre y madre para unirse a su mujer y serán los dos una sola carne” (Génesis 2:24).
Entre las creencias del antiguo testamento el divorcio implicaba no solamente la posesión de la mujer sino también la unión del espíritu de los cónyuges. El divorcio dentro del judaísmo conlleva no solamente la firma del get –carta de divorcio- sino también para concretarse requiere de un ritual rabínico que libere aquellos dos espíritus que estuvieron unidos por el matrimonio. Entre los judíos se cree que la esposa posee el espíritu del marido y viceversa. Aunque el divorcio no está permitido dentro del cristianismo debemos reconocer que la idea judía del divorcio no se desliga su consecuencia espiritual.        
Tras la enseñanza de Jesús y su oposición al divorcio, el apóstol San Pablo –fariseo converso al cristianismo- retoma este pensamiento de la unidad espiritual que existe con el otro cuando se cometen actos sexuales; “¿No saben que el que se une a una prostituta, se hace un solo cuerpo con ella? Porque dice la Escritura: Los dos serán una sola carne” (1era de Corintios 6:16). Debemos notar y comprender que si leyésemos el verso de modo literal la unidad terminaría al desunir ambas carnes, pero el asunto no es así, el acto sexual une los espíritus que la carne unió. Pienso que Jesús al citar el Génesis pone al matrimonio en un rango mucho más elevado del que nosotros podemos comprender; no es simplemente decidir estar con alguien sino es entregar nuestra carne y nuestro espíritu al conyugue, entregar nuestro ser como posesión al otro.  
El mundo moderno perdió la noción espiritual del acto sexual trivializándolo al simple goce, hoy puede existir ó no obligación, afecto ó desapego, la regla moderna es no tener reglas y ser guiados por los deseos olvidando el espíritu, si algo en apariencia nos hace felices basta y sobra para validarlo. Este pensamiento cuando se ejerce de modo colectivo erosiona el cimiento del matrimonio, entre lo laxo de las reglas y entre tantas opciones –incluso entretenimiento sexual- es difícil encontrar la razón y el motivo para unirse solamente a alguien, ahí es donde el matrimonio pierde y no puede ser ejercido con cabal interés. Pero, el matrimonio nunca fue solo una ruta a la felicidad sino es un motivo para hacerse uno con el otro y poder traer hijos a este mundo.

Entonces, en un mundo moderno ¿habrá motivos suficientes para unirse a una sola persona?, ¿valdrá la pena esperar al matrimonio para ejercer la sexualidad?. Creo que todo puede resumirse a una postura simple; redescubrir la virtud de la castidad y la pureza. Si las futuras generaciones no viven la espiritualidad para cosechar sus frutos ¿Cómo sabrán deleitarse en la pureza?. En un mundo moderno y sexualizado vale la pena dar espacio a un gozo distinto, el gozo de la conversión, el gozo del Espíritu Santo.  

domingo, 14 de mayo de 2017

Sin santidad, nadie vera al Señor.

Pensaba hacer una reflexión sobre un verso de la carta a los Hebreos; “Procuren estar en paz con todos y progresen en la santidad, pues sin ella nadie verá al Señor” (cap. 12:14), pero desde el inicio del capítulo hay muchísimas cosas fáciles de entender que pueden ayudarnos para vivir un cristianismo de una mejor forma.   
“Innumerables son estos testigos que nos envuelven como una nube. Depongamos, pues, toda carga inútil, y en especial las amarras del pecado, para correr hasta el final la prueba que nos espera, fijos los ojos en Jesús, que organiza esta carrera de la fe y la premia al final. El escogió la cruz en vez de la felicidad que se le ofrecía; no tuvo miedo a la humillación, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.          Piensen en Jesús, que sufrió tantas contradicciones de parte de gente mala, y no les faltarán las fuerzas ni el ánimo. Ustedes se enfrentan con el mal, pero todavía no han tenido que resistir hasta la sangre. Tal vez hayan olvidado la palabra de consuelo que la sabiduría les dirige como a hijos: Hijo, no te pongas triste porque el Señor te corrige, no te desanimes cuando te reprenda; pues el Señor corrige al que ama y reprende al que recibe como hijo. Ustedes sufren, pero es para su bien, y Dios los trata como a hijos: ¿a qué hijo no lo corrige su padre? Si no conocieran la corrección, que ha sido la suerte de todos, serían bastardos y no hijos. Además, cuando nuestros padres según la carne nos corregían, los respetábamos. ¿No deberíamos someternos con mayor razón al Padre de los espíritus para tener vida? Nuestros padres nos corregían sin ver más allá de la vida presente, tan corta, mientras que El mira a lo que nos ayudará a participar de su propia santidad. Ninguna corrección nos alegra en el momento, más bien duele; pero con el tiempo, si nos dejamos instruir, traerá frutos de paz y de santidad. Por lo tanto, levanten las manos caídas y fortalezcan las rodillas que tiemblan, enderecen los caminos tortuosos por donde han de pasar, para que el cojo no se desencamine y más bien se mejore. Procuren estar en paz con todos y progresen en la santidad, pues sin ella nadie verá al Señor”. (Hebreos 12:1-14)
¿Qué clase de vida propone el cristianismo?, ¿Cómo puede ser alcanzada la plenitud por medio de una cruz, ósea, el sufrimiento?, ¿no existe ya demasiado sufrimiento en el mundo como para proponer la cruz como camino de salvación?. Estas preguntas parecen lógicas para alguien alejado de la fe, ó muchos bautizados, olvidando el camino cristiano, omiten cruz personal. Esta idea de la purificación por medio del dolor viene desde el judaísmo; el pueblo que sufre y espera la llegada del Mesías para ser liberado y recibir un reino de paz y justicia., esta creencia también es nuestra creencia porque nosotros esperamos el retorno de Jesús, y sabemos que Dios se complace en los justos de este mundo que reflejan lo justo de su espíritu. En realidad, el dolor esta en hacer lo bueno y lo justo en medio de una sociedad propensa al egoísmo, el libertinaje y la maldad.     
Cuando por primera vez leí la frase; “progresen en la santidad, pues sin ella nadie verá al Señor”, me pareció demasiado dura, veía la santidad como algo inalcanzable, ¿Quién podrá heredar el reino de Dios?. Hoy comprendo que hablar de santidad significa hablar de la alegría, y encontrarse con el Señor no debe ser motivo de miedo sino de entusiasmo. Existe más tristeza en el pecado y en la ausencia de Dios. En verdad, antes no lo veía, hoy lo sé, Dios no pone sus reglas y mandamientos para alejarse de nosotros sino que las ha puesto para acercarse a nosotros y habitar en nuestro ser.   
¿Cómo puede ser la cruz un motivo de satisfacción?, ¿Cómo algo amargo puede darnos alegría?. La espiritualidad es como el café; amargo para los que no tienen la costumbre y adictivo para quienes lo acostumbran. Volvamos al Dios que nos ama. 

domingo, 7 de mayo de 2017

Las plagas en Egipto

En estas últimas semanas he compartido reflexiones sobre la vida de Moisés. En la primera ocasión se menciono su matrimonio con Séfora, la hija del sacerdote Jetro, de las tierras de Median, donde el culto al dios Baal habitual. Su matrimonio no debió ser fácil por la diferencia de credos, probablemente, ambos practicaban una espiritualidad superior a la de los hebreos, y, aunque la biblia no da muchos detalles de su vida conyugal, el matrimonio de Séfora y Moisés es un ejemplo de tolerancia y respeto, pues, a pesar de que el divorcio se permitió en las leyes de Moisés, el profeta no se divorcio de su mujer, sino que, ambos superaron sus diferencias y adversidades. La segunda reflexión hace alusión a la vida de Moisés en Egipto, y como él, a sus tres meses de nacido es adoptado por la hija del faraón al ser encontrado dentro de una canasta, en el rio. Sin duda, en su juventud, tuvo acceso a muchos beneficios y privilegios por el afecto de la hija del faraón. La vida de Moisés cambio drásticamente al descubrir la injusticia que vivían los hebreos en Egipto, en un arrebato de justicia, Moisés asesino a un egipcio, esto provoco su exilio y un cambio de vida; de tener comodidades a ser un prófugo, escondido como pastor de ovejas en Median. Cuando Moisés es llamado por Dios para que libere a los hebreos de Egipto, este se niega constantemente, y es natural que profeta no desee reencontrarse con su pasado. Los hebreos, una vez liberados, reprocharon el éxodo de Egipto tras sentirse desamparados en el desierto, ellos decían a Moisés; “es preferible morir en Egipto a morir en el desierto”, pero a Moisés también le sobraban motivos para extrañar la comodidad de Egipto ó Median.   
Moisés fue llamado por Dios en su vida adulta – era un anciano – y se niega constantemente a ser el libertador de los hebreos de Egipto, y es que, nadie quiere romper su comodidad, Moisés había hecho una vida con Séfora en Median. Pero pensemos, ¿Por qué Dios llamo a un anciano y no a un joven?, a fin de cuentas, da lo mismo quien dé el mensaje. Dios se permite llamar a quien le plazca, y en Moisés lo hace para manifestar su poder, pues, resulta más increíble e imposible que un anciano logre este tipo de cosas, y ahí es notorio el amparo de Dios.
Una vez que Moisés anuncia las plagas al faraón y estas caen sobre todo Egipto, surge la pregunta, ¿Si el opresor de los hebreos fue faraón, porque enviar plagas para todo el pueblo de Egipto?, ¿Qué culpa tenia aquel egipcio que jamás oprimió a un hebreos?, ¿Qué culpa tenía el egipcio común, aquel que trabajaba día a día como el resto de los hebreos?, ¿acaso Dios cometió una injusticia?. No, Dios no es autor de injusticias, hay algo que debemos aprender de esta tragedia, y es que, aquellos egipcios que vivían vidas ordinarias y que aparentemente no cometieron maldad alguna, día tras día veían la presión que el faraón ejerció sobre los hebreos y en su comodidad no hicieron nada, el pecado de los ciudadanos de Egipto es el pecado de omisión, incluso, tampoco abogaron a favor de Moisés cuando el faraón se negó a entender la predicación, ellos también fueron indiferentes a las palabras del profeta. ¿No sucede lo mismo con una sociedad indiferente al llamado de la salvación que anuncia la Iglesia?. Si, así es.   

De este episodio tenemos mucho que aprender, ¿no culpamos nosotros a nuestros gobernantes por las injusticias que vemos día con día?, pero ¿en que estamos remediando esta serie de males?, ¿Cuándo nos hemos sumamos a las causas y esfuerzos de aquellos que pretenden construir una sociedad más piadosa y justa?, ¿creemos que nuestro compromiso social se limita simplemente a votar por un partido político el día de una elección? (el voto es parte del compromiso social, es obligación, mas no una solución). Permanecer apáticos en la construcción de una mejor sociedad condenara a las futuras generaciones, ellos vivirán tiempos de mayor injusticia, de mayor adversidad con plagas más severas, pero la vocación y la sabiduría de nuestros ancianos –como Moisés- podrá liberarlos de aquella esclavitud de pecado., ¡nunca se es demasiado viejo ó demasiado joven para hablar y escuchar la Palabra de Dios!.  

lunes, 1 de mayo de 2017

Moisés

La semana pasada compartí una reflexión abordando el matrimonio de Moisés con Séfora. Hoy hare una reflexión sobre la vida de Moisés pero primero hare un recuento de lo que ya se menciono con anterioridad. Moisés fue el gran profeta y legislador de Israel, recibió los diez mandamientos y las leyes más profundas del judaísmo se le deben a él. Séfora fue una mujer de tierras de Median, hija del sacerdote Jetro, provenía de un pueblo ajeno a las costumbres y la religión hebrea. Por la diferencia de credos, supongo que, para poder estar unidos hasta el fin ambos debieron vivir una espiritualidad superior a la de cualquier hebreo.
La vida de Moisés inicia con una persecución, cuando el faraón desea acabar con los niños hebreos por temor a que estos se multipliquen y tomen el poder de Egipto algún día. Siendo Moisés un niño de tres meses, su madre lo oculta en una canasta entre el rio y así fue como la hija del faraón lo encuentra, lo adopta y lo llama “Moisés”, que significa: “de las aguas lo he sacado”. Por este acontecimiento y el afecto que pudo recibir Moisés de la hija del faraón, quiero pensar que la juventud de Moisés fue distinta a la de cualquier habitante de Egipto., si la hija del jerarca te toma por hijo eso te da acceso al palacio, a los banquetes, a las fiestas, a los lugares privilegiados, etc. ¿Cuántos viven anhelando algo así?.
El texto bíblico afirma; “cuando Moisés fue mayor, visito a sus hermanos, los hebreos, y comprobó sus penosos trabajos…” (Éxodo 2:11). Es fácil suponer que la esclavitud e injusticia que vivieron los hebreos en Egipto fue ajena a Moisés, hasta cierto momento de su vida.
Previo a su exilio, el mismo capítulo (v. 11-15) narra cómo Moisés presencia la golpiza que un egipcio propicia a un hebreo, y en un arrebato de justicia, Moisés, asesina imprudencialmente al opresor y entierra el cadáver entre la arena., al día siguiente, al observar una disputa entre hebreos y querer reconciliarlos, termina acusando de asesino por su propio pueblo. Los versos narran que el asesinato del egipcio despertó la furia de Faraón, que busco a Moisés para matarlo. Por esto huyo Moisés de Egipto y se fue a vivir a las tierras de Median.  
¿Cómo habrá sido la vida de Moisés en su exilio?, ¿se lamentaría por haber perdido las comodidades?, ¿no hubiese sido más fácil permitir la injusticia, no hacer nada y vivir igual?, pienso que Moisés debió experimentar cierta frustración natural, imaginémoslo; de tener la buena estima de la hija del faraón a terminar como fugitivo, escondiéndose. Hasta este punto, la vida de Moisés parecía ser la vida de aquel que tuvo comodidades y acceso a la jerarquía más alta y perdió todo por un arrebato de justicia, ¿vale la pena ejercer la justicia si lo pierdes todo?, ¡Qué respuesta tan difícil!, no existen muchos hombres como Moisés, y quiero pensar que su arrebato lo cometió por ignorante, aunque si lo cometió sabiendo que lo podía perder todo, ¡Qué ejemplo de amor por la justicia!.

Cuando Moisés es llamado por Dios para ir a Egipto y liberar a los hebreos, Moisés se niega constantemente, entendamos que puede negarse por la vergüenza de volver como un hombre común, pastor de rebaños y pisar aquel suelo que lo adopto por la hija del faraón. Constantemente, el cristianismo pone a Egipto y su esclavitud como símbolo del pecado que nos esclaviza. En la humanidad de Moisés, presentarse en aquellas tierras con un mensaje de liberación lo hace, sin duda, recordar aquellos días de su juventud donde no conocía la injusticia por su comodidad., y es que ahora como profeta, Moisés va despojado de su comodidad como el menor de todos los hombres, para abrirle los ojos a una sociedad que duerme ante la injusticia.  

domingo, 23 de abril de 2017

Moisés y Séfora

Séfora fue la esposa de Moisés, medianita, mujer de las tierras de Median, hija del sacerdote Jetró. La religión en Median era la adoración al dios Baal. Séfora no fue una mujer de origen hebreo y los matrimonios mixtos – matrimonio entre personas de distintas religiones – quedarían prohibidos en el judaísmo antiguo. Al margen de esta reflexión, se cree que la unión entre Moisés y Séfora es una prefigura de la unión de Cristo con la Iglesia, esto porque Jesús es de origen hebreo y la Iglesia, la esposa de Jesús, no posee una nacionalidad especifica.
Lo principal de esta reflexión es humanizar el matrimonio de Moisés y Séfora para aprender algo de ellos. Moisés fue el gran legislador de Israel, el gran intercesor entre Dios y el pueblo de Israel, autor de la Tora. La señal más distintiva de un hebreo es la circuncisión, es la evidencia del pacto de Abraham con Dios.
Por su exilio, Moisés no se caso con una Israelita, y peor aún, se caso con la hija del sacerdote de otra religión, ¿Qué hombre siendo líder de un credo podría vivir con la hija del sacerdote de un credo distinto?, no es una situación fácil para nuestros días y menos para los tiempos primitivos de Moisés, y aunque Moisés permitió el divorcio para los hebreos según sus leyes, no se sabe si se divorcio de Séfora, pienso que no.  
En Moisés y Séfora tenemos el caso de un hombre que contrajo matrimonio e hizo vida con una mujer de otra religión y tuvo que lidiar con el drama de prohibirle a su pueblo el matrimonio con personas de pueblos ajenos y religiones distintas (Éxodo 34:15,16). ¿Qué clase de espiritualidad habrán vivido Moisés y Séfora para entenderse?, ¿Cómo lidiaron ambos con la presión social? (Moisés fue acusado por los hebreos de estar casado con una pagana) ¿Qué hizo Moisés para tolerar las creencias de Séfora ó ella para respetar la fe de su marido?, ó ¿Cómo educaron a Guersom, su hijo?. Creo que Moisés y Séfora debieron tener una espiritualidad superior a la de los hebreos, si un matrimonio hebreo oraba dos veces al día, Moisés y Séfora debían orar cuatro veces por su condición, y quizá tuvieron que decidir entre “disputar mi fe contra la fe del otro” ó aprender a escuchar “la sabiduría del credo ajeno…”. Esto me hace recordar el pensamiento de un sabio; “las personas y las religiones son como los planetas y el sol, entre mas se cerca de Dios, más cerca entre sí…”.
Si miramos nuestro caminar, ¿Cómo podríamos vivir una espiritualidad firme en nuestra fe que no se centre en el egoísmo de trastornar la fe del otro?, ¿Cómo ser sabio para permanecer en nuestra fe y reconocer la sabiduría de otra religión sin llegar al sincretismo?, ¿Cómo podríamos ser mas al modo de Moisés y Séfora en la casa común (el planeta)?. Nuestra fe, la fe católica, ofrece la libertad de la gracia, y en este tiempo de tanta confusión espiritual resulta necesario conocer la raíz de lo que somos, la raíz de nuestra fe, para entonces poder conocer y ver en los otros aquellos puntos en común y centrarnos en lo que nos une, no en lo que nos divide.
En Moisés y Séfora tenemos un caso de tolerancia, es el caso de un hombre que no se divorcio de su mujer a pesar de sus diferencias, y permitió el divorcio entre los judíos que tenían la misma fe (Jesús afirmo que lo permitió por su duro corazón y necedad). Sin duda, la ley natural –el instinto- obligaba a Moisés y Séfora a la reconciliación en atención a su hijo, Guersom. ¿Por qué los hijos deben sufrir por la descensión de sus padres?, aquellos hebreos que solicitaron el divorcio a Moisés trastornaron su propia fe y la vida de sus hijos en su anhelo de separarse. ¿Podemos aprender algo los católicos de este episodio de la historia de Israel?, ¡Claro que sí!, ¡el matrimonio es indisoluble según lo afirmo Jesús!.
Para terminar, existe un episodio pequeño pero importante sobre la vida de Séfora (Éxodo 4:20-26), y sucedió cuando Dios anuncia a Moisés lo que hará con los primogénitos de Egipto si faraón no concede la libertad a los hebreos, Séfora al enterarse de ello, circuncido a su hijo, Guersom, y lo añadió al pacto de Abraham, pero, ¿Por qué no lo hizo Moisés años atrás si esa era su fe?, quizá el texto se escribió para enseñarnos que, la preocupación de una madre por sus hijos está por encima de cualquier orgullo religioso, y que, cuando alguien ajeno a la fe, entiende la fe del único Dios, puede actuar con mayor disposición y eficacia que aquel que toda su vida carga con su religión.    

domingo, 16 de abril de 2017

Jesús en la historia

La Semana Santa concluye proclamando que Jesús resucito, esto lo hacemos desde la tradición de la Iglesia, pero quizá la inercia y la costumbre religiosa nos impide vislumbrar el evento como histórico.
Hace algunos días un amigo cuestionaba este asunto, el afirmaba que la resurrección era un mito, como los mitos de las religiones griegas paganas; “si la resurrección sucedió debió ser un hecho trascendente, registrado y estudiado por los historiadores de la época ajenos al cristianismo”. No necesariamente, al día de hoy, existen fenómenos que no se investigan porque no hay financiamiento, creo que el caso de Jesucristo no fue la excepción en el siglo I, y más, si consideramos que existieron mesías fallidos entre los judíos, uno de ellos, Judas el Galileo. No era algo trascendente que judíos predicaran la llegada “otro mesías más”.        
Respecto a la biografía de Jesús, entendamos las limitantes del mundo antiguo. Sabemos de la existencia de Sócrates por el testimonio de Jenofonte, Aristóteles y Platón, fuera de ellos no existen muchas referencias para afirmar su existencia y nadie lo pone en duda. Algo similar sucede con Buda, no se sabe en qué siglo nació, los escritos que hacen referencia a él datan del siglo I a.C. al III d.C., pero el templo Budista de Maya Devi se cree que tuvo su origen en año 550 a.C. En el caso de Jesús las cartas del nuevo testamento son buena referencia, San Pablo muere entre el año 58 – 67 d.C. y es contemporáneo a los testigos oculares de la resurrección. 
Algunos afirman que “la resurrección fue un invento de la Iglesia para legitimar su predicación”, este argumento me parece con poco sustento. La Iglesia nació entre los judíos, si Jesús no fuese el mesías ó no hubiese resucitado, el único camino era seguir siendo judío y esperar al mesías, no hay más. A diferencia de otras religiones, el judaísmo presenta la peculiaridad de estar vinculado con la raza y la nación, es muy difícil que un judío se desprenda de sus creencias. En el judaísmo existe la creencia: “un profeta es genuino si va acorde al pensamiento de Moisés”., Jesús hacia aseveraciones sobre el sábado que escandalizaban a los hebreos, desde ahí, es muy difícil que un judío tome con seriedad la predicación de Jesús por cuestionar el sábado de Moisés. Los textos de San Lucas señalan conversiones masivas de judíos y gentiles a la fe cristiana, es inimaginable lograr la unidad de culto entre raza judía y otras razas, solo recordemos la división entre judíos y samaritanos. Esta unidad y desprendimiento de costumbres judías debió sostenerse por un milagro; la resurrección.    
Otro punto importante es el testimonio de apóstoles y discípulos, como ejemplo paralelo; Joseph Smith, fundador del mormonismo, con la ayuda de Martin Harris, Oliver Cowdery y David Whitmer publica “el libro del mormón”, sin embargo, esta unidad se rompe por diferencias, los dos últimos renuncian y Whitmer funda otra religión. En el caso de los apóstoles existe unidad en torno a la resurrección y la doctrina, no es la visión aislada de uno solo como “Mahoma y el Corán” ó “Smith y el libro del Mormón”. Este llamado en grupo me hace pensar que la resurrección fue un evento palpable para ser reconocido por los doce y el resto, sin olvidar que, convertirse al cristianismo era motivo de persecución y muerte para judíos.
Para concluir, algunos historiadores del siglo I que, sin ser cristianos, escribieron sobre Jesús, se encuentran; Tácito, Seutonio, Flavio Josefo y Plinio el Joven. En el compendio “antigüedades judías”, Josefo escribo; “En este tiempo existió un hombre de nombre Jesús. Su conducta era buena y era considerado virtuoso. Muchos judíos y gente de otras naciones se convirtieron en discípulos suyos. Los convertidos en sus discípulos no lo abandonaron. Relataron que se les había aparecido tres días después de su crucifixión y que estaba vivo. Según esto fue quizá el mesías de quien los profetas habían contado maravillas”.

sábado, 8 de abril de 2017

Ana en el templo

Cuando uno es joven suele tener ciertas aversiones hacia muchísimas cosas entre ellas las eclesiales. En mi adolescencia no encontraba sentido, ni razón, a la actividad de orar dentro del templo, creía; ¿Cómo se resolverán mis problemas perdiendo el tiempo rezando en una Iglesia?. Así pensaba, incluso, después de mi conversión no lo veía como algo importante, veía que las ancianas del barrio lo hacían, acudían en grupo para rezar por horas. Para mí eso no era un servicio a Dios, para mi servir a Dios debería ser algo táctil; ir con los enfermos, ayudar a los necesitados, estudiar las Escrituras para instruir a otros y no perder el tiempo en la banca de una Iglesia.
Entre mis arrogancias no distinguía que yo mismo con esa actitud era pieza de tentación, una boca de Satán para aquellos que acudían al templo para orar, decía: “¿A qué van otra vez a rezar al templo?, ¿Qué acaso los pobres están ahí?”, así hablaba y pensaba y así hablan y piensan muchos que se dicen discípulos de Jesucristo, pero ¿Cómo puede ser discípulo aquel que cuestiona a sus hermanos cuando van al templo para orar?, ¿Qué no dice el Salmo “que alegría cuando me dijeron: ¡vamos a la casa del Señor!”?. Sí, que alegría, y es necesario que nos alegremos cuando vamos al templo para hacer oración, y es necesario que nos alegremos cuando acudimos alguna pastoral para beneficio del necesitado. Si, es necesario que nos alegremos más y nos juzguemos menos entre nosotros. Quitarnos la piel de Caín, que solo ve la labor de Adán para tirarle de pedradas.
Dentro de las Sagradas Escrituras existe un caso que no fue escrito en vano, y si se escribió es para enseñarnos algo, es el caso de Ana, mencionada por el evangelista San Lucas; “Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casa en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén” (Cap. 2, 36-38). Ella fue una de las primeras mujeres en encontrarse con el Mesías, no en vano el evangelista se tomo el tiempo para investigar un poco sobre la vida de esta mujer y plasmarla en tres versículos bíblicos, describiendo su servicio a Dios como “ayuno y oración”.
Entonces, si el autor sagrado quiso describir su servicio de esta forma no debiésemos cuestionar aquellos que sin saberlo ó sabiéndolo la imitan en su forma de servir. Algunos sirven a Dios de un modo y otros de otro, en nada debemos menospreciar cualquier forma de servicio por pequeña e insignificante que parezca. En la labor lo importante no es el siervo sino el Señor que llamo a servir. ¿Cómo sabes tú, que te sientes grande, si Dios ha puesto a un siervo chico enseguida de ti para medir tu humildad?. El que se burla de la labor de quien sirve, ¿no se burla también del Señor que lo mando a servir?, si, así es. Entonces vale mas no hablar porque si yo creo que algún servicio es insignificante y sin provecho lo más probable es que esté yo en un error. Todo lo que se ofrece a Dios y es recibido por El, por Dios se vuelve fértil, y aunque las semillas y las labores sean pequeñas, no son mías, son de Dios.

Así que vale más trabajar y no hablar mucho, ni menospreciar las labores del otro, ni estimar en menos ó en mucho lo poco que uno hace para construir el Reino de Dios. Porque si Ana hubiese estimado en menos ir al templo ese día, hubiese perdido la oportunidad de encontrarse con el niño Jesús. No perdamos la oportunidad de encontrarnos con Cristo en el Sagrario en cualquier tiempo, porque si El está ahí, está ahí esperando por nosotros.  

domingo, 2 de abril de 2017

La Iglesia de la Biblia

Días atrás, por redes sociales mantuve un debate con un hermano separado, su postura defendía “solo la Biblia, solo Cristo”, obviamente menospreciando a la Iglesia Católica. En la discusión, le pedí el nombre de su denominación – bautista, pentecostal, adventista, etc.- pero jamás lo menciono, solo se limito a responder; “Iglesia es todo aquel que cree en Jesús…”, ¿tal razonamiento es verdadero?, ¿qué podemos encontrar en la Biblia?. Así que, me di a la tarea de estructurar el “perfil de Iglesia” que aparece en la Biblia.
Antes de citar mi análisis, mencionare, aunque los hermanos separados para justificar sus denominaciones utilizan el verso; “donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (S. Mateo 18:20), tenemos que hacer ver que el verso no expresa; “donde estén dos ó más reunidos en mi nombre, allí habrá una Iglesia…”. El verso manifiesta solo que Jesús está entre los creyentes, y es verdad, Jesús puede estar en medio de nosotros aunque puede estar contento ó molesto por nuestra división. Creo que Cristo es paciente con unos y con otros.
El perfil de Iglesia que encuentro en la Biblia es, una Iglesia que toma como base la sucesión sacerdotal del pueblo de Israel y la utiliza en la sucesión apostólica. El primer sacerdote de Israel fue Aarón y su sucesor fue Eleazar según el libro del Deuteronomio (cap. 10, v. 6). El libro Hechos de los Apóstoles afirma que el primer sucesor de un apóstol fue Matías, sucesor de Judas Iscariote (cap. 1, v. 12-26).
Otro punto importante -minimizado y opacado por las sectas- es la promesa sobre el apóstol San Pedro señalada por San Mateo (cap. 16, v. 18,19). La Iglesia que encontramos en la Biblia defiende la promesa sobre el apóstol, si no lo defendiera, no lo hubiese escrito, y si lo escribió fue para preservar tal enseñanza.  
También, la Iglesia de la Biblia celebra Concilios, esto lo leemos en el mismo libro Hechos de los Apóstoles, cuando fue celebrado el Concilio en Jerusalén (cap. 15) donde se definió que las leyes judías no son necesarias para la salvación. El perfil autentico de la Iglesia de la Biblia es reconocer concilios.    
Una característica importante de la Iglesia de la Biblia es la celebración de la santa cena, más allá de la solicitud de Jesús expresa en los evangelios, debemos notar el orden litúrgico y la autoridad de San Pablo al reprender a la Iglesia de Corinto cuando celebraban este acto de modo equivocado y banal. Argumentando San Pablo que no es un simple pan, sino el mismo cuerpo de Cristo, y quien come sin distinguirlo comerá su propio juicio ó condenación (1era de Corintios 11:20-29). La Iglesia de la Biblia no distingue el pan como un mero símbolo sino como una realidad; vida eterna al que come dignamente (S. Juan 6:54) y juicio a quien come dignamente.    
La Iglesia de la Biblia también hace uso de la revelación oral, esto lo sabemos al leer la primera carta de San Pedro donde se menciona que fueron “ocho personas las que se salvaron” en el diluvio con Noé (cap. 3, v. 20) ó la carta del apóstol Judas que expresa: “el diablo disputo contra el arcángel Miguel por el cadáver de Moisés” (cap. 1, v. 9), estos detalles no aparecen en los textos del antiguo testamento, por consiguiente, creo que los apóstoles citan la revelación oral que los judíos usaban como complemento de la Escritura.

Para concluir, la Iglesia de la Biblia cuenta con sucesión apostólica, celebra y reconoce Concilios, anuncia la promesa sobre San Pedro, es severa y clara en el modo y la forma de celebrar la Santa Cena, y menciona sin temor los eventos que no fueron escritos pues se fía de la revelación oral. Ese es el perfil de la Iglesia que encontrarnos en la Biblia. No dudo que existan hombres justos y admirables fuera de la Iglesia, pero fiarme de mi simple buen ánimo para fundar mi iglesia no me parece algo justo, ¿Para qué fundar otra y otra, y otra iglesia?, ¿Qué acaso creemos que podemos fundar una mejor Iglesia que la que Jesús fundo?, mas bien, seamos lo mejor de nosotros mismos en la Iglesia que Jesús estableció.  

domingo, 26 de marzo de 2017

¿Quién tiene resuelta la salvación?

Cuando Jesús afirma; “es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de los cielos”, el apóstol San Pedro expresa y pregunta; “nosotros lo hemos dejado todo para seguirte. ¿Qué recibiremos?”, Cristo responde algo sorprendente refiriéndose a los apósteles; “A ustedes que me han seguido, yo les digo: cuando todo comience nuevamente y el Hijo del Hombre se siente en su trono de gloria, ustedes también se sentarán en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel” (S. Mateo 19:28).
Antes de meditar en la respuesta de Jesús, no debemos pasar por alto que en Israel existieron cortes rabínicas, jueces que ocupaban un papel importante en la nación, tal vez, los apóstoles creyeron que a eso se refería y quizá lo siguieron con más fuerza esperando eso con ilusión, quizá sintieron ambición y hasta ego. Pero, tras la resurrección y la ascensión de Cristo es fácil suponer a qué tronos se refería; los tronos de arriba en la gloria del cielo.
¿Cómo nos sentiríamos si Jesús nos dijera: “ustedes se van a sentar en un trono para juzgar…”?, ¿Qué clase de emociones despertarían en nosotros ante esta afirmación?. Pongámonos en los zapatos de San Pedro, supongamos que Jesús nos dijera delante de testigos; “te entregare las llaves del reino de los cielos y las puertas del infierno no prevalecerán…”, “pastorea mis ovejas…” y no solo eso, también haber estado en la transfiguración y verlo resucitado. ¿Cómo nos sentiríamos?, creo que andaríamos por la vida confiados, como dicen en la calle “presumiendo la charola” y “parándonos el cuello” sintiéndonos más que los demás, creyendo que tenemos la salvación “resuelta” por nuestra influencia con el resucitado.
En ocasiones en cosas pequeñas sale a relucir nuestro ego enorme, por ejemplo; hacemos alguna labor social y ya nos sentimos la Madre Teresa de Calcuta, acudimos algún retiro y nos  sentimos como si fuésemos los monjes más místicos. Así somos, nos gana el ego cuando hacemos el bien, caemos fácilmente en esa tentación. Hay que detectar en nosotros esas actitudes que quizá nadie más ve –porque no las decimos aunque las sentimos- para que nuestra humildad se vuelva integra. Quizá valga más un pecador arrepentido que un justo presumido.   
San Pedro es el hombre que recibió cosas que ningún otro hombre recibió, leamos su actitud ante la salvación; “Llegará el día del Señor como hace un ladrón, y entonces los cielos se desarmarán entre un ruido ensordecedor, los elementos se derretirán por el calor y la tierra con todo lo que hay en ella se consumirá. Si el universo ha de descomponerse así, ¡cómo deberían ser ustedes! Les corresponde llevar una vida santa y piadosa, mientras esperan y ansían la venida del día de Dios, en la que los cielos se desarmarán en el fuego y los elementos se derretirán por el calor. Más nosotros esperamos, según la promesa de Dios, cielos nuevos y una tierra nueva en que reine la justicia. Con una esperanza así, queridos hermanos, esfuércense para que Dios los encuentre en su paz, sin mancha ni culpa” (2da de S. Pedro 3:10-14).

Para concluir, si los apóstoles recibieron tanto y no cayeron en la pereza para alcanzar la salvación y las promesas, ¿Qué actitud debiésemos tener nosotros que ni siquiera hemos saludado de mano a Jesús?, seamos entendidos, no pensemos que la tenemos “resuelta”, no descuidemos una salvación como esta, no vaya ser que creyendo conocer a Cristo, El no nos conozca.

sábado, 18 de marzo de 2017

Hablar con difuntos

Hace algunas semanas dentro de las lecturas de la misa se leyó el pasaje de la transfiguración (S. Mateo 17:1-8), evento donde Jesús acompañado de Pedro, Santiago y Juan en un monte alto se transforma, su cuerpo resplandece y estando ahí, sostiene una plática con Moisés y Elías –ambos representando la ley y los profetas- una nube se posó sobre ellos anunciando: “Este es mi hijo muy amado, a quien he elegido: escúchenlo”.
Dentro de las leyes judías expuestas en el antiguo testamento existe la prohibición de entablar diálogos con los difuntos, de ahí, muchas sectas lanzan acusaciones a la creencia católica de “la intercesión de los santos” afirmando que esta práctica es pagana, pero es curioso que Jesús dialogue con Moisés., el libro de Deuteronomio afirma que Moisés falleció en las tierras de Moab (cap. 34 v. 5).   
El libro de Deuteronomio prohíbe: “Cuando hubieres entrado en la tierra que Dios te da, no aprenderás hacer según las abominaciones de aquellas gentes. No sea hallado en ti quien haga pasar su hijo ó su hija por el fuego, ni practicante de adivinaciones, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni fraguador de hechizos, ni quien pregunte á pitón, ni mágico, ni quien pregunte á los muertos. Porque es abominación para Dios cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones tu Dios las echó de delante de ti” (Cap. 18 v. 9-12). La prohibición va en el sentido de la práctica del ocultismo, sustituir la fe por la magia.
Para apoyar la práctica de la intercesión de los santos podemos mirar la historia del pueblo de Israel, cuyos rabinos, consideran la intercesión de patriarcas y profetas como rezos validos ante Dios, pues creen que si uno de estos grandes –Abraham, Moisés, Raquel- estando en vida sujetos a tentaciones y así intercedieron ante Dios por los hebreos, en la eternidad sin aflicciones también harán lo mismo., un “tzadik” en el judaísmo es el homólogo de un “santo” en el catolicismo.   
Existe un pasaje donde el rey Saúl –teniendo interés sobre el triunfo de una batalla- usa como médium a la espiritista de Endor para consultar al difunto Samuel (1era de Samuel 28) siendo esta práctica reprobada por Samuel. Quien incurre en estas prácticas tiene interés por su futuro ó necesita respuestas para su vida, ósea, su interés no va encaminado a la obra de Dios, mas bien, equivocadamente decide tomar un camino alterno para descifrar algo que inquieta su alma.

Satanás imita de modo opuesto la intercesión de los santos ofreciendo a la humanidad la consulta a los muertos por medio de la magia. Si la intercesión de los santos conlleva la intención de mejorar la vida espiritual de la Iglesia y el creyente, lo opuesto es usar como puente a un espiritista –ya no Cristo- para consultar y resolver el deseo personal, no la necesidad comunitaria como sucede en la intercesión de los santos donde Cristo es redentor de todos los santos, y estos están unidos en oración por la salvación de los hombres. Por esta causa, la plática que Jesús sostiene con Moisés es motivada por la salvación y lo que Pedro, Santiago y Juan vislumbran del difunto Moisés lo vislumbran por Cristo, por lo tanto, sustituir la fe por el ocultismo y al resucitado redentor por un agorero -que no redimió a nadie- para dialogar con los difuntos es una imitación blasfema del regalo que Dios nos dio para la oración con la Iglesia celestial.      

domingo, 12 de marzo de 2017

Dame frutos

En el evangelio de San Mateo se describe como Jesús mando secar la higuera porque no encontró frutos en ella, el texto dice; “Al regresar a la ciudad, muy de mañana, Jesús sintió hambre. Divisando una higuera cerca del camino, se acercó, pero no encontró más que hojas. Entonces dijo a la higuera: “¡Nunca jamás volverás a dar fruto!” Y al instante la higuera se secó”. (S. Mateo 21:18,19)
Aunque algunos han asociado la higuera a Israel y la amonestación de Jesús a cortar de tajo a Israel e injertar a los paganos por la evangelización, sorprende y nos asusta la actitud de Jesús ante la higuera sin frutos. Otros pasajes hacen alusión a la higuera sin fruto y cómo el dueño del viñedo invierte en ella para hacerla producir, remueve la tierra, la abona y la riega esperando recibir algún beneficio de ella y si no produce, la cortara. Esta higuera que se seco por no producir fruto debe hacernos meditar en nuestra vida.
La persona que no aporta algún beneficio a la vida de los demás esta pronto a erosionar su relación con los demás, está próximo a sentir el vacio y la ausencia de los otros en retribución a su egoísmo y su indiferencia ante las necesidades de los demás. Muchos viven de esa manera, pierden la oportunidad de animar y apoyar a los otros en sus necesidades, y así, construyen relaciones superficiales donde solo se comparte la alegría, la abundancia y no la angustia y la carencia. Tales personas son como higueras sin fruto, su tibieza y superficialidad los hace perder sensibilidad ante el lamento de los demás, en ese camino no habrá alegría de espíritu, solo esterilidad.
Jesús se muestra severo en muchas de sus enseñanzas, sus palabras son como bofetadas dispuestas para hacernos despertar de nuestra inercia de vida, advirtiéndonos de que la pereza espiritual no produce frutos y vivir así nos hará estériles. ¿Qué podremos presentarle a Dios el día de nuestro juicio?, ¿solo hojas?, ¿solo acciones encaminadas para nuestro beneficio?.     
En algún momento de mi vida pensaba; “estoy agradecido con lo que Dios me ha dado, no necesito pedirle nada mas, estoy satisfecho y conforme…”, hoy veo que el asunto no termina ahí, no termina en mi satisfacción personal, mi paz no será mi juez, mi juez será Dios.
Cuando fui débil en la fe estaba tan acostumbrado a ver a Dios solo como proveedor y cuando me sentí satisfecho creí que no era necesario pedirle más, estaba en paz conmigo y con otros –pero mi paz no es mi juez, mi juez es Dios- Entonces empecé a pedirle a Dios sabiduría y entendí que siendo yo como una higuera que crece era tiempo de dar frutos, tiempo servir y aportar, tiempo de ser Iglesia y plantar semilla en otros.  

Dios como un sembrador no da y nos llama para que demos. Jesús tiene hambre de piedad y buenas obras, tiene hambre de que seamos Iglesia y es tiempo de que sus higueras –las que están en tiempo- den fruto. 

domingo, 5 de marzo de 2017

¿Que haría Jesús?

Iniciare esta reflexión con un chiste; había dos hombres, uno creyente y el otro tibio e ignorante en asunto de fe, el segundo le dice al primero; “siento deseos por la mujer de mi prójimo…”, el creyente responde; “¡pero cómo!, piensa, ¿Qué haría Jesús?”. Pasadas las semanas se encuentran y el creyente pregunta; “¿Qué paso?, ¿te alejaste de esa situación?”, el tibio respondió; “no, recordé lo que me dijiste, ¿Qué haría Jesús?, y creo que Jesús perdonaría mi adulterio…”. Fin.   
Constantemente en parroquias ó grupos de la Iglesia, quien preside pregunta; “¿Qué haría Jesús?”, esto lo hace para que tomemos una actitud cristiana ante la vida y encaminemos nuestras acciones al modo de Cristo; ¿Qué haría Jesús ante tal situación en nuestra vida?. Creo que fue en mi adolescencia cuando escuche esta pregunta por primera vez, en su momento me hizo reflexionar, pero como viví alejado de la fe al tiempo lo olvide. 
Sobre la misma pregunta, pregunto; ¿Cómo podrá alguien responder a esta interrogante si no ha estudiado el Nuevo Testamento?, ¿Cómo podrá saber “qué haría Jesús” si no ha meditado al menos un evangelio y de modo completo?, y ¿Cómo podrán decir el bautizado “yo amo a Jesús” sin conocer su obra?. 
Tengo un grupo de amigos asociados a una red de pensamiento jesuita, ellos son muy dados al discernimiento, esto es, distinguir entre situaciones de vida, para  afirmar ó descartar a razón de definir un rumbo. Aunque considero que la vida de todo discípulo de Jesús consiste en un discernimiento constante, alejarse de tentaciones y emprender a favor del evangelio, los Jesuitas con su método buscan esclarecer entre lo bueno y lo mejor, considerando, no es materia de descimiento una condición de pecado porque esta situación ya está definida por los mandamientos; debemos alejarnos del pecado, eso no se negocia.
Compartiendo con estos hermanos jesuitas, salto a mí la pregunta, ¿Cómo podrá el bautizado discernir si no ha estudiado los evangelios?, me parece correcto afirmar que no es materia de discernimiento una condición de pecado, pero ¿Cómo podrán conocer “que es pecado” si no estudian el Nuevo Testamento ó no conocen la opinión oficial de la Iglesia en temas referentes a la vida moderna?.
Volviendo a la pregunta ¿Qué haría Jesús?, primero debemos considerar, Jesús haría oración y buscaría la santidad, no hay duda. Recurrir a la oración es lo que Jesús hizo para fortalecer su interior, reconocer su realidad y actuar. En los evangelios podemos leer que antes de iniciar su predicación, Jesús se retiro por cuarenta días al desierto para estar en oración y ayuno, también, previo a la elección de sus discípulos permaneció en oración y antes de ser aprendido, previo a su crucifixión, paso la noche orando en el huerto del Getsemaní. El actuar de Jesús es un actuar desde la oración.
¿Qué haría Jesús para fortalecer su interior?, también, meditar en las enseñanzas de la fe. En los evangelios podemos leer y saber que Jesús conoció las leyes hebreas desde su niñez, y en su edad adulta, pareciera ser un amante de la reflexión de estas, profundizándolas y confrontándolas ante la hipnosis social de su tiempo. La revelación divina motiva a la perfección humana, pero si la desconocemos, ¿Cómo podremos saber lo que Dios busca de nosotros?.

No quiero dejar de lado la caridad en esta reflexión, Dios pide caridad y eso hizo Jesús, pero la vida de Jesús no puede ser resumida solo en actos de piedad pues hay muchas otras enseñanzas que al día de hoy trastornan la conciencia. ¿Qué haría Jesús?, haría lo que hace, exhortarnos a la conversión para reconciliarnos con el Padre. 

domingo, 26 de febrero de 2017

Convierte la piedra en pan ó golpéala

No cabe duda que Satanás es el maestro de la mentira, me atrevo a decir que uno de sus intentos para acabar con la Iglesia será la caridad; “di que estas piedras se conviertan en pan…”, así tentó el maligno a Jesús en el desierto pero el mesías se negó. En aquella tentación, convertir la piedra en pan parecía algo bueno, sin importancia, pero nada bueno puede salir de una solicitud hecha por Satán. El tentador usa cosas pequeñas para destruir poco a poco lo importante.
Muchos bautizados hacen la siguiente pregunta insidiosa; “¿de qué sirve orar e ir al templo si no haces el bien?”, esa parece ser una tentación, pero Jesús acudía al templo y hacia oración, el no condiciono el templo a las buenas obras. Estas insidias solo menosprecian el valor del templo y la oración, como si tales cosas no fuesen importantes por sí mismas. El secularismo influye en la ridiculización de lo sacro con un ligero menosprecio a lo litúrgico, como si estos actos no valiesen nada. Algunos bautizados influenciados por el mundo, con sus actitudes despojan al culto de su solemnidad, como si este despojo nos hiciera tener un Dios más cercano –cuando ya lo tenemos. Creo que quitarle solemnidad al lugar de culto nos alejara del Espíritu, terminaremos convirtiendo el templo en algo secular.
Cuando algo es sagrado merece tal distinción, recordemos la zarza ardiendo y como Dios exigió a Moisés quitar las sandalias de sus pies porque aquel suelo era santo (Éxodo 3:5), ó como Jesús ya resucitado dijo a María Magdalena “no me toques porque aun no he subido al Padre…” (S. Juan 20:17). Aquello que parecía común a los ojos de Moisés ó María Magdalena debía recibir un trato sagrado. Para hacer oración y recibir el sacramento esta el templo, su suelo es sagrado, no es como cualquier otro lugar.
Si heredamos de la Iglesia una liturgia, no veo porque nuestros hijos no deban heredarla como tal, ¿Por qué debemos intentar cambiar algo que ha sido establecido de un modo en la casa de Dios?. Recordemos el error de Moisés, cuando golpeo dos veces la piedra cuando Dios pidió que le hablara a la roca (Números 20), por ese detalle el gran profeta no entro a la tierra prometida. En el proyecto divino, existen cosas pequeñas que parecen intrascendentes pero Dios no da lo pequeño en vano, por algo estas cosas están ahí, si las quitáramos solo nos estaríamos privando de algún beneficio que hoy no conocemos. Si amas a Jesús y crees que hay algo de la Escritura, la Liturgia y los Sacramentos que no vale la pena, es preferible no modificarlo, “no convertir la piedra en pan, ni golpear la roca dos veces”, es preferible la paciencia del discípulo hasta que podamos entender porqué las cosas son así. Es necesario estudiar la fe y orar.    

Como pecadores estamos llamados a la conversión y la gracia, no estamos llamados a quitar ó poner creyendo que Dios lo valida aunque la Iglesia no lo confirme. El proyecto de Dios -la Iglesia- fue establecido así, quizá existen cosas que nos gustan y cosas que no nos parezcan, pero también pensemos, en la construcción de una casa todas las piezas son importantes, es verdad que los cimientos, los muros y la estructura dan soporte, pero ¿Quién no ha sufrido cuando pierde una llave ó una bombilla?, ¡cómo es que una cosa tan pequeña puede ser tan importante!. Si estimamos así las cosas de casa, ¿Por qué creer que en el proyecto divino y casa de Dios hay cosas intrascendentes?. 

domingo, 19 de febrero de 2017

La evangelización

Los judíos son muy discretos con su fe, por lo general no la comparten, ni la anuncian casa por casa como se usa entre tantas creencias hoy en día. Ellos viven la fe en comunidad hacia el interior y si alguien ajeno a sus creencias les pide referencia de su fe, aun así, no la comparten. Hay una tradición entre ellos que establece; si un gentil (un no judío) no está preparado para recibir la ley de los judíos, vale más que no la sepa para que no la blasfeme. Ellos esperan el momento indicado para que su creencia no sea insultada. Este pensamiento va muy de la mano con la preparación que se anticipa al compartir la fe, que en un sentido macro histórico puede encontrarse en la historia de la salvación.
Royh Schoeman, judío converso al catolicismo, autor del libro “La Salvación viene de los judíos”, afirma que Dios espero el momento y el tiempo indicado para que Israel pudiese recibir al Mesías, Dios fue construyendo ese momento. Schoeman sostiene, si Jesús hubiese venido siglos atrás, en un tiempo primitivo y de menos formación, probablemente hubiese sido asesinado solo por cuestionar algún precepto de Moisés, ó incluso, en el caso de José y María, esta hubiese sido denunciada, apedreada y asesinada sin la menor vacilación. Para Schoeman, Dios espero el momento oportuno para encarnar al Verbo y que su cátedra pudiese ser anunciada en Jerusalén y creída por un grupo de hebreos.    
En el caso de la evangelización debemos considerar que en nuestro entorno Jesús ya ha sido anunciado, creído y proclamado. No es una evangelización desde cero, pero llamemos “evangelización” al acto de compartir la fe con el incrédulo.
Es sabido que Jesús no anunciaba el Reino de Dios entre pueblos paganos, solo entre judíos, esta es una interrogante para muchos, hasta podríamos creer que es un acto de egoísmo, pero no, es la misma lógica hebrea que ya señale; si el pagano no está preparado para recibir la ley divina, vale más que no la conozca para que no la blasfeme. En el evangelio Jesús expresa la misma idea de un modo demoledor; “No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las huellen con sus patas, y volviéndose os despedacen” (S. Mateo 7:6). No tiene sentido compartir cosas sagradas con aquellos que no las estiman como santas. Sin embargo, leamos la actitud de Jesús cuando los paganos desean conocerlo; “Y había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta. Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús. Felipe fue y se lo dijo a Andrés. Entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús. Entonces Jesús les respondió, diciendo: Ha llegado la hora de que el Hijo del Hombre sea glorificado. De cierto, de cierto os digo que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, se queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (S. Juan 12:20-24). Cristo está haciendo referencia a su pasión, muerte y resurrección gloriosa, y al tiempo de la evangelización, llevar la fe más allá de Israel.

Nuestro papel en la evangelización de nuestra localidad se cimienta en nuestro testimonio de vida cristiano, en la piedad, en el conocimiento y estudio de la fe de la Iglesia, cuando menos pensemos vendrán “esos griegos” ajenos a la fe para preguntar con genuino interés, ahí es momento de recibirlos y compartir los asuntos del Espíritu.   

domingo, 12 de febrero de 2017

Trump y los migrantes

Cuando el pueblo hebreo se adentro en Egipto por causa de la sequia y la hambruna, y pasando los años y las generaciones crecieron multiplicándose en gran número, el faraón se inquieto por ellos y los oprimió, y asesino a sus hijos por temor a que los hebreos fuesen superiores a su pueblo y tomaran el poder. Sin embargo, el pecado del faraón y su hostigamiento a los hebreos provoco lo contrario; la liberación de los hebreos y el nacimiento del pueblo de Israel.     
Dios es un experto para sacar cosas buenas de las cosas malas, simplemente meditemos en la crucifixión de Jesús y la mención hecha por san Pablo; “la crucifixión de Cristo provoco la reconciliación con el mundo…”, esto lo dice porque el pecado de Israel en la injusticia contra Jesús –la crucifixión- trajo su muerte pero también su resurrección y nuestra evangelización. Dios se valió del pecado del faraón para propiciar la libertad de los hebreos, del pecado de Israel para llevar la gracia al mundo. Aunque no lo parezca, Dios controla la historia de este mundo.
Hoy como mexicanos vivimos un tiempo que nos trastorna, Donald Trump y sus políticas de hostigamiento nos violentan y nos ofenden, pero ¿Dios podrá sacar algo bueno de todo esto?, ¡claro que si! y solo basta con meditarlo un poco.
El hostigamiento de Trump y sus políticas duras y reacias contra los migrantes latinoamericanos a provocado un discurso social que reacciona en su contra, esto es, un discurso pro migrante en diversas esferas de la sociedad internacional; artistas, políticos, empresarios y redes sociales, se han sumado a favor de los migrantes., esto no lo veíamos años atrás. El drama migrante siempre ha existido y no había sido puesto a discusión con tanta intensidad como en estos tiempos. En la última década el mundo hablaba de los LGBT y el aborto, un tema que acaparaba medios, celebridades y redes sociales, poniendo en jaque a la sociedad y a la Iglesia, parecía que aquello era algo imparable, que la imposición de ese nuevo orden no podía ser detenido con nada hasta que un candidato a la Presidencia dijo: “voy a construir un muro…”. Con Trump esos temas se volvieron secundarios y poco relevantes, en la era “anti-Trump” la víctima es el migrante y la protesta es a favor de los migrantes, “el derecho de los perros" o "el derecho de hombres a usar vestido” ha quedado en un segundo plano. Hoy, el activismo del mundo se ha vuelto menos vano y más social, se habla menos de las "preferencias" y mas de las necesidades. 

El pecado de Trump nos obliga abrir los ojos, la injusticia hacia los migrantes ha estado por años, y creo que hoy, Dios nos hace el llamado a obrar la justicia y la piedad tras haberse multiplicado la injusticia y la impiedad. El evangelio no nos llama a manifestar el odio hacia Trump –Dios se opone a toda manifestación de odio- sino que nos llama para obrar el apoyo para los migrantes y los marginados desde nuestra capacidad y limitación, en nuestra comunidad. Como estado fronterizo no podemos quedar ciegos ante esta realidad, los migrantes los tenemos aquí; guatemaltecos, hondureños, salvadoreños y más, tratando de hacer vida mientras intentan cruzar a E.U. ó regresar a su país. No nos volvamos parte de ese Egipto que margina, ignora y oprime. ¿Tenemos a un Faraón en Washington ó somos nosotros mismos quienes completamos ese Egipto?