sábado, 16 de junio de 2012

La ley y el mandamiento


Mi maestro, un abogado, entro por primera vez a nuestra aula y pregunto; “¿para qué sirve la ley?”, nosotros, un grupo de ingenieros y arquitectos que cursábamos la materia de legislación en la construcción sin conocer términos de abogacía contestamos; “pues, las leyes sirven para hacer justicia…”. El abogado, en tono agradable se rio de nosotros y nos dijo; “No, las leyes no están para hacer justicia. Las leyes están simplemente para ser aplicadas, pues, en un juicio hay dos partes; uno que denuncia y otro que afirma ser inocente. La ley solo defiende los intereses de aquel que pueda sostener con evidencias su acusación. La ley civil solo defiende intereses”. La ley funciona para establecer el orden.

Según la teoría política de Thomas Hobbes, quien en el siglo XVII sostuvo que el hombre es tan egoísta por naturaleza, que si no tuviera un freno, un poder superior que lo limitara, se destruiría a sí mismo, durante siglos, según Hobbes, ese poder superior limitativo fue imaginario y estaba representado por Dios en los gobiernos teocráticos, pero en las sociedades modernas es papel del Estado laico ser ese límite que evite que los hombres dentro de una sociedad se aniquilen mutuamente; es decir, que una sociedad existe porque hay alguien que la gobierna y la controla, y tiene el poder y la fuerza para hacerlo. El Estado establece el orden mediante las leyes y es así como la sociedad puede convivir con justicia ó sin ella.

El nacimiento del concepto de “Estado laico” surge en Francia a finales del siglo XIX en un contexto cristiano. El Estado laico establecía la separación entre la Iglesia y el Estado. Tras el surgimiento del protestantismo, Europa se dividiría por los credos. La teocracia no podía establecer un orden ecuánime entre tantas fracciones cristianas, por lo tanto, el Estado debía establecer el orden fuera del dogma. En esta separación entre Iglesia y Estado, podemos entender dos preceptos; “ley y mandamiento”, refiriéndome a “la ley” como la norma civil aplicada por el Estado para establecer el orden público y no lo que es justo como ya mencione. Por otra parte, el mandamiento, que corresponde a los preceptos enseñados por la Iglesia, que persiguen el orden público al igual que el Estado, pero que buscan perfeccionar el interior humano por medio de los valores religiosos; caridad, perdón, moral, purificación, penitencia. Mientras que, el Estado solo se limita al orden publico sin interesarse por el interior de la persona. El Estado aplica la ley para establecer el orden social y no para sanar el interior de las personas.

México vive procesos de cambio, se modifican las leyes, es normal que los creyentes nos sintamos confundidos. San Pablo ya en el primer siglo comprendía esta diferencia entre la conducta social de su tiempo y el mandamiento que corresponde a la Iglesia cuando dice; “todo me es licito, mas no todo me conviene hacer…”. Al referirse a que “todo le es lícito” se refiere a su libertad de operar de acuerdo a la ley civil ó la costumbre, pero, cuando habla “no todo me conviene” el Apóstol añade la conciencia cristiana que corresponde al mandamiento, él prefiere hacer lo que le edifica apegado al cristianismo. Como creyentes comprendamos bien la diferencia, el Estado tiene leyes que establecen el orden y protegen intereses, la Iglesia tiene mandamientos que perfeccionan y satisfacen el interior humano.