lunes, 3 de agosto de 2009

Transfiguración


En una ocasión estando en clases del instituto bíblico al momento del receso, unas compañeras leían la columna del semanario enmarcha donde participo sin saber que yo escribía ahí, al ver mi foto voltearon a mirarme preguntándose “¿es él?, ¿es Juan?” una compañera menciono “si es él, hace tiempo que leo su columna”. Por un instante me sentí alagado por el reconocimiento de aquellas compañeras estando consiente de la tentación del “aplauso”. En ese instante por las puertas del instituto entro un pordiosero pidiendo dinero y me sentí comprometido al instante, aquel hombre presentaba una fachada no muy agradable; pelo desalineado, mal olor y sus expresiones como quien acabara de levantarse, a mis adentros lo juzgue: “este hombre está pidiendo dinero porque se lo va tomar, se está aprovechando de nosotros que nos decimos seguidores de Cristo para conseguir algo para el vicio”, a la vez también pensé: “mis compañeros se admiraron de que yo participo en el periódico pero, ¿vale más eso que la caridad?”, entonces pregunte al pordiosero: “¿para qué quiere dinero?” y respondió: “para desayunar porque ya no aguanto el hambre”, así que pensé: “si le doy dinero me dará un coraje que se lo gaste tomando pero si no le ayudo me sentiré culpable ante los ojos de Dios”, se me ocurrió entonces comprarle algo para que comiera así yo practicaría la caridad sin permitir que mi dinero se gaste en el vicio.

Le compre algo de la tienda y se lo di, al momento sus ojos resplandecieron y algo muy raro sucedió porque en ese resplandor sentí que el cielo bajo y en el rostro de aquel pordiosero se dibujo la imagen de Dios deteniendo el tiempo por completo, aquel hombre venido de la calle ahora visiblemente hecho semejanza de Dios beso mi mano y me dijo; “Muchísimas gracias” quede tan impactado que sentí que Jesús había sido aquel que había besado mi mano que en el momento sin razonar pensé: “Yo soy quien debe darte las gracias”, el mendigo se fue y al momento recordé a la madre Teresa de Calcuta y a los santos que dicen encontrar a Cristo en cada ser humano. A diferencia de la transfiguración descrita por los evangelios que es un cambio de figura en el monte tabor donde Jesús se presenta de modo glorioso a Pedro, Santiago y Juan, esta anécdota fue una transfiguración que manifestó para mi tantos versos bíblicos desde; “Señor, ¿Cuándo te vimos desnudo, sediento y en la cárcel”, hasta aquello que decía el apóstol Pablo; “Dios no está lejos de cada uno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos, como dijeron algunos poetas de ustedes: Somos también del linaje de Dios”.

Creo que Dios se nos transfigura a cada rato pero, para poder verlo necesitamos abrir primero los ojos.